Sobre TAJO:

“Somos aficionados a la poesía. No somos profesionales. Que eso quede bien claro, pues una buena parte de nuestra crítica es potenciada desde esa perspectiva, desde esos campos abiertos que supone tal condición". (Roberto Bolaño)

lunes, mayo 05, 2014

ALO?... ROBERTO?

Roberto ya es toda una leyenda. Su alter ego, ese flaco de la ficción que mismo Rimbaud desaparece en los Detectives Salvajes penetrando un bosque con un arma en el pecho, es Arturo Belano. Siempre pobre como una rata. Siempre buscando el amor de mujeres bizarras. Y Belano, como bien dictan las aptitudes de los caníbales, reaparece a la luz de cada cuento.

Pero Belano no es el único. La sombra de Antonio di Benedetto –su amigo de concursos literarios- es otra constante. Incluso el tufo de los infras, algunos retazos de las matanzas de Pinochet y otros juegos literarios no dejan de lidiar –o sacarnos la lengua- en sus páginas. 
El  triunfo, como dije, es saber mezclar lo culto con la vida misma, hasta tornarlo una sola y gran tromba.


"Según Vargas Llosa, Bolaño viene a darle nuevos aires a la literatura latinoamericana" 

Lo que nos lleva a sospechar de una influencia vital: Borges.  Borges, bien sabemos, es un furibundo erudito. Bolaño, digamos, tuvo la biblioteca y el limonero, pero también tuvo una experiencia de perro romántico, de rabioso animal. Borges cierra el pico cuando habla de sexo, Roberto no para de graznar.  Y esto no es cursilería barata, aunque suene como tal. Es la marca de uno de los escritores más valientes de los últimos años. Como dice uno de sus relatos: Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad. Son pocas las cosas que un hombre puede soportar… un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esta convicción crecimos. 

Según Vargas Llosa, Bolaño viene a darle nuevos aires a la literatura latinoamericana. Pero no nos apartemos de LLAMADAS TELEFÓNICAS. Dije que habían dos o tres caminos que indefectiblemente terminan fulminando cada relato. ¿Quieren saber cuáles son? Uno es la vida. Otra es la muerte. Ustedes averigüen cual es el tercero.




acá pueden leer el libro online:


Julio Barco, tajo

Pdt: Publicado anteriormente en TAJO número 4. Si estás interesado en leer otros artículos de este número, hazle click al link de aquí abajo y listo.

http://issuu.com/omarsorel/docs/tajo_4__lado_a_?e=0

O también puedes ir a la sección de este blog llamado "Ediciones impresas", donde no solo podrás leer el Tajo N° 4, sino también el N° 2, 3 , etc.

martes, abril 29, 2014

IRON BUTTERFLY: CUATRO DISCOS COMPLETOS



HEAVY (1968)


TEMAS:

1. Possession (0:00-2:46)
2. Unconscious Power (2:47-5:18)
3. Get Out Of My Life Woman (5:19-9:16)
4. Gentle As It May Seem (9:17-11:45)
5. You Can't Win (11:46-14:27)
6. So-Lo (14:28-18:32)
7. Look For The Sun (18:33-20:47)
8. Fields Of Sun (20:48-24:00)
9. Stamped Ideas (24:01-26:09)
10. The Iron Butterfly Theme (26:10-30:46)


IN-A-GADDA-DA-VIDA (1968)



TEMAS:

Side A
1. Most anything you want 00:00
2. Flowers and beads 03:43
3. My mirage 06:51
4. Termination 11:45
5. Are you happy? 14:37

Side B
1. In-a-Gadda-da-Vida 19:08

BALL (1969)


TEMAS:

1.-In The Times Of Our Lives
2.-Soul Experience
3.-Lonely Boy
4.-Real Fright
5.-In The Crowds
6.-It Must Be Love
7.-Her Favorite Style
8.-Filled With Fear
9.-Belda-Beast


METAMORPHOSIS (1970)


TEMAS:

00:00 1. Soldier In Our Town
03:08 2. Easy Rider
06:09 3. Butterfly Bleu
20:01 4. Free Flight
20:40 5. New Day
23:50 6. Shady Lady
27:38 7. Best Years Of Our Life
31:23 8. Slower Than Guns
34:59 9. Stone Believer



miércoles, abril 23, 2014

HORA ZERO en fila india: Mario Luna, José Cerna, Ángel Garrido


MARIO LUNA 
(Chimbote, 1948 - 1984)

HAMBRE

Hemos construido nuestra sonrisa
hemos averiguado quién echó el disparo
hemos amarrado al hombre para que no se muerda la mano
hemos amanecido en un circo repletos de fantasías
desde donde vemos la ciudad más alta
de distinta manera
como vemos las palabras.
Hemos visitado la playa más excitante
hemos estado abrazados largo rato
rejurando nunca olvidar.
Hemos entendido que un soldado no es culpable de la muerte
del pueblo.

¿Escuchan?
¿quién toca la puerta todos los días?
¿quién pregunta con la mano escondida en los bolsillos?
¿por qué Juana la vendedora de tomates se ha caído patas arriba?
¿es que siempre nos vamos a encoger de hombros?

¿es que siempre vamos a creer en las fábulas?


JOSÉ CERNA
(Chachapoyas, 1948)

SEÑAL DE IDENTIDAD

Yo soy un lago
                           - y en el próximo verano
Haré mi traslado a la Universidad Mayor de San Marcos.
Aguas del verano-
                                                 ¿soy un lago
O no?
Esa es mi pregunta/pero la del policía
                          es
                                              ¿eres o no universitario?
En el fondo las dos preguntas son el mismo asunto
(En el fondo de qué, diría Luis Rodríguez)
                                                                          La Universidad es un lago
Y ella camina
lenta junto a la pared de la Facultad de Letras
Allá vienes con tus libros en la mano
Los pinos son árboles que circundan a San Marcos
Los árboles se agitan sobre tus ojos
Aguas de la tarde/ tus cabellos se inclinan sobre
el movimiento de mis ojos
La Universidad es un lago
                                               En sus aguas nadaré el próximo verano
Seré universitario a partir del próximo febrero
¿a partir de cuándo será un lago?
                                                                     “déjate de vainas”
-dice el policía- “ven y muéstrame tus documentos”
El policía disfrazado de pino voluminoso y oscuro
En esta esquina de Carabaya y Colmena
                                                             un árbol seco extiende la mano
(¿Eres o no universitario?/¿Eres o no un lago?)
                                              No  sé
La realidad es la que sabe – la realidad es un lago
Y yo estoy en sus aguas
                                               - entonces… ¿yo sé?
Vamos por esta calle Quilca angosta y extraña
La tarde/bajo el silencio pasa una carreta de duraznos
Y JRR dice:
                    “yo soy esta
                                   y la otra realidad”.
Ahora tú y yo, amor mío,
vamos abrazados bajo los árboles de San Marcos
                                                     6:30 pm y en mi boca
sube la humedad de tu pelo/ Los pinos cambian sus formas
En las márgenes la hierba despierta un humor casi amarillo.


ÁNGEL GARRIDO
(Cerro de Pasco, 1954)

DISCURSO DEL SOCAVÓN /  I: 4

Y la Ciudad se alzó con la piedra que arrancaron los deseos:
Arañando las rocas para dar caza a las ilusiones
                               Bajando a la Mina para extraer la Piedra de los Sueños
Y he aquí que esos sueños comenzaron de pronto a ser conocidos
                                       como la Plata y el Oro
Piedras de colores arrancados al subsuelo aún a costa de las mismas piedras
                           aún a costa de los mismos sueños
Y fue aquí entre la Noche que Tanatus instaló para siempre entre los mineros
                         solo sombras Tragedias Sufrimientos
                                                                           (Eros vs. Tanatus)
Y estos sueños- aún simples para Ellos:
Salir con vida a la superficie°  y llegar pronto a casa con panes y regalos
                                                                            bajo el brazo
Cerca las sonrisas la alegría la miel entre los dedos
Cerca el aire puro a plenitud libres tus ojos frente al cielo libres
                                  tus ojos en medio del mar de hierba entre el Mar
              de piedras-libres tú y todos allí libres al fin de la pesadilla diaria
                                            (sobre todo de los de Abajo)
Libres tus ojos de La Noche
Lejos de los gritos de Muerte.


_______________________________________
° (Porque se suele también salir sin vida, cuando La Mina te elige; a veces no se sale ya nunca)


martes, abril 22, 2014

HORA ZERO en fila india: tres relatos de Carmen Ollé


(Lima, 1947)

VAGABUNDOS REALES

Cuando el primer poema hizo presa de mi fantasía, un pez y una máquina de coser se instalaron en ella. Tejida la telaraña, un par de leyendas mudaron mi timidez en estados alterados. La leyenda de Arthur Rimbaud en Ardennes fortalece la de Francois Villon, en Pontoise, Francia. Ambas giran en torno a un poeta granuja. La primera traza un rastro que va de Charleville, un anodino poblado francés, hasta  África. De la segunda, es decir de la vida caminante de Villon, se pierde todo apunte del protagonista a los32 años. Las dos tienen las marcas de la violencia y el desdén por lo que dejaron atrás. Rimbaud canceló sus metáforas en nombre de los desiertos del amor, Villon se libró de morir en la horca y huyó.

El amor me liga a esas sombras y talla en mi destino otras. Los granujas que encontré por el mundo fueron simples ladrones de gallinas, fumadores de pipa con la cazoleta invertida, oscuros militantes de sectas o partidos políticos ya desaparecidos.

En una excursión que hice al interior del país cuando tenía veinte años, me deslumbraron los ojos almendrados y cínicos de un pueblerino. El cielo bajo y el brillo de las estrellas serranas tenían la misma intensidad que sus pupilas azules. San Miguel de Cajamarca sobrevivía  una recia temporada de lluvias con muy pocas reservas. En los lugares escarpados y áridos habían crecido hierba mala y flores silvestres, pero en el poblado escaseaba la harina; el camión que cargaba harina y en el que venía yo fue recibido con gran algarabía. Hasta aquí había viajado yo buscando mi destino.

Por esa época, nada era más incierto que adentrarse en un pueblo del interior. Ni el teléfono ni el telégrafo eran objetos muy reales, todo podía estar en desuso o descompuesto, y en ese caso, solo te quedaba aspirar el aire seco y limpio de las montañas.

Cuando me presentaron a Ojos Almendrados creí ver al leopardo esperado. Él tocaba charango y cantaba en el cementerio. Al pueblo había llegado ya la música de Santana. Dormimos en el pasto y bebimos cañazo con vainilla, ebrios y felices, mientras aguardábamos que el camión descargara su mercancía, pues al cabo de ese hecho retornaría yo por donde había venido, como un suspiro divino.

Cuando regresé a Lima, Ojos Almendrados, cantor de cementerios y ladrón de gallinas, me siguió y al anochecer apareció justo al poste de luz de mi casa; Ojos Azules entonaba baladas campesinas bajo mi ventana y mi padre lo apuntó con su anticuado Máuser, espantando la leyenda. No supe cómo aquel superó la vergüenza esa noche. Me enteré años después de que había ingresado a la PIP. Pobre Rimbaud.


FUNCIÓN MATINAL

Un hombre en cuclillas junto a una pared tiene el pantalón remangado a la altura de las rodillas y oculta la cabeza con las manos. La pared está en medio de un pastizal. Más que una simple pared es un murallón. En él se han escrito: “¡Viva la guerra popular! ¡que muera el presidente!”.
Pasa una línea férrea muy cerca de la pared, pero no se oye el pitar del tren. En cambio, a pocos metros, los carros pasan a gran velocidad por la carretera.
A lo lejos, en un terreno eriazo, se divisa un poblado. Enormes cerros plomizos lo cercan. La atmósfera no es transparente. Curvándose, en los cerros, las torres de electricidad asoman sin mayor inquietud.
Es otoño. El río arrastra poca agua y tiene piedras. Algunos campesinos rocían con pesticida las legumbres. Sus camiones se estacionan a la entrada de sus huertos.
El hombre en cuclillas alza de rato en rato la cabeza. Siente el venir del viento inflado de los carros. Sus ojos son compasivos.


MUJER CON SAYONARAS CELESTES

El tema que acababa de exponer en clase había sido sugestivo: “Las ciudades en las postrimerías de la Edad Media”. Recuerdo que todos se rieron cuando dije que eran tan sucias como las nuestras y nadie pudo en ese instante concebir una ciudad limpia en el resto del mundo. Comprobé esta hipótesis en una composición donde la fuerza de la realidad se impuso a la lógica. He ahí lo insólito en una prosa de Kafka en la que el narrador presenta una urbe vacía y limpia. El error de nuestro desconocimiento o de nuestra incapacidad para imaginar una ciudad distinta, ya que mis alumnos no habían visto nunca otro fenómeno que el que enfrentaban a diario: Lima y sus suburbios.

Pero la universidad estaba situada a una hora de Lima, en el campo, en una zona denominada yunga, al parecer menos contaminada.

A eso de las cinco de la tarde yo ya estaba fuera del campus intentando conseguir un micro para regresar al monstruo. Ese día, como todos los miércoles, a la misma hora, me fui caminando hacia la carretera central en vista de que a esa hora se suspendía el tráfico entre la universidad y Chosica. Caminaba a lo largo de una barriada con cierta dificultad por la arena acumulada por el último huaico. Los escasos arbustos habían sido arrancados por el aluvión. Mis botines se hundían rítmicamente tratando de no alejarme de los estudiantes
que se perdían por las callecitas estrechas. Presentía el peligro de estar sola, semejante al alud de meses atrás o a los asaltos que, según se rumoreaba, sorprendían a los caminantes en la oscuridad. Sin embargo, a esa hora de la tarde, la vida parecía desenvolverse de manera normal por este lado de la villa. Las mujeres iban y venían con sus bolsas de pan caliente para la merienda.

Dos mujeres conversaban en un extremo del puente con una vendedora ambulante. Las tres parecían indiferentes ante lo que sucedía a pocos metros: bajo el puente una pequeña mujer se empujaba con las manos. Sus sayonaras celestes hacían lo posible por afirmarse en la resbaladiza ladera. Restos de comida, latas oxidadas, papeles y otros desperdicios cubrían el monte hasta el río.

El paisaje a esa hora se teñía de una tonalidad sepia, la tierra y el cielo adquirían una monocromía envolvente. Pensé que esta parte de la realidad se me revelaba solo a mí. En cambio, allá, en la capital, seguramente la gente ya estaría hojeando el periódico en la agenda de espectáculos para elegir la película deseada.

Me acerqué al trío de mujeres, una tenía una escoba en la mano para limpiar-supuse- el lodo de la escalerilla del puente, pero ni siquiera voltearon a verme, mucho menos se dieron cuenta de que la mujer en el basural estaba a punto de resbalar y caer sobre las piedras del río. ¿Qué buscaba esa especie de simio en ese lugar y a esa hora? Yo no vi nada de valor, solo basura desparramada, entre la que buceaba a tientas, sorteando el peligro. La vida, sin embargo, transcurría apacible, sin motivo para alarmarse y nada aparentemente rompería la armonía de la tarde. Los estudiantes de la universidad y los escolares atravesaban el puente risueños y alegres.

Me animé a preguntarles a las tres mujeres por la mujer en el basural. Me miraron en silencio y siguieron conversando- por lo que escuché- sobre los problemas de la comunidad: había que restablecer el cobro del peaje del puente suspendido por el huaico…Si había alguna respuesta, esa la daría yo.

Vi que todavía faltaba un buen tramo que subir para llegar a la carretera. De una cantina salieron las voces típicas de la proximidad de la noche borradas por un trago de ron. Más arriba, del lado del cerro, empezaban a encenderse algunas lucecitas. Me volví para mirar a las mujeres peo estas ya no estaban; la carreta de la vendedora ambulante había desaparecido también. No alcancé a mirar hacia abajo en el río más que la espesa niebla que amenazaba convertir el paisaje en noche cerrada. Y aquella imagen de la mujer con las sayonaras celestes, por donde se filtraba minutos antes algún rayo de luz, no era sino una sensación más en un infinito registro. Apuré el paso.

RELATOS EXTRAÍDOS DEL LIBRO:

UNA MUCHACHA BAJO SU PARAGUAS
(SEGUNDA EDICIÓN, 2008)
EDITORIAL SAN MARCOS

lunes, abril 21, 2014

HORA ZERO en fila india: un cuento de Maynor Freyre



REMOLINO DE PASIÓN 
(Lima, 1986)

Hace años que vivo atrapado en el remolino de este tormentoso viaje sin lograr dar un rumbo cierto a mi desdichada búsqueda del paraíso perdido. El plazo se ha cumplido. Ya la nave zozobra  y las chalupas no han sido carenadas: ¡no hay salvación!

Los pocos momentos de remanso que he conocido en esta travesía habrán de quedar grabados en el cuaderno de bitácora, en sus páginas izquierdas (que no siniestras). Oh proceloso mar, tus ambigüedades, tus veleidades, tu inestabilidad convierten en cada vez más lejana la isla del arribo: el edén del amor perdido por el hombre.

Atisbo en el fondo de los parajes marinos muchas otras naves hundidas, destrozadas, sus viejos velámenes deshilachados. Quiero aprovechar esta última ventisca de desolación para salvar mi viejo buque despertrechado y con la ruta extraviada. Soy apenas un curtido marino sin tripulación que va perdiendo la orientación correcta, que se despierta y confunde el barlovento con el sotavento. Y ya no cuenta siquiera con una brújula o una rosa de los vientos, pues todo se ha ido quebrando en este viaje insensato y loco. El velamen yace casi hecho piltrafas.

Solo me queda taponearme los oídos para no escuchar más el canto de la única invicta y hermosa sirena que me guiaba con los luceros de sus ojos hacia los inevitables arrecifes, al encalladero final. Mientas tanto estoy sintiendo un salobre sabor cimentado al fondo del último barril de agua en existencia y la carroña de la podredumbre carcomiendo las exiguas vituallas que restan por consumir.

Afuera llueve. Mejor me encerraré en mi camarote y marcharé a la deriva un tiempo. He sentido el chapaleo de las ratas al caer en apretada huida. La noche viene y oteo por el ojo de buey que será desestrellada: ni la Cruz del Sur acompaña esta agonía. Más son los estertores del mar y no los míos los que mayormente me aquejan. La bruma empieza a enceguecerlo todo, convierte en difuso el cuaderno de bitácora y ya es dificultoso que una de mis manos encuentre a la otra en medio de la cerrada niebla que nos envuelve. El barco va desapareciendo. El mar se seca…

TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO:
MUJER DE CURA (2006)
Fondo Editorial Cultura Peruana.