Sobre TAJO:

“Somos aficionados a la poesía. No somos profesionales. Que eso quede bien claro, pues una buena parte de nuestra crítica es potenciada desde esa perspectiva, desde esos campos abiertos que supone tal condición". (Roberto Bolaño)

martes, enero 25, 2011

TEST DE PROUST



"A los 46 años, si algo me disgustara de mi apariencia sería un gilipollas. Todo me disgusta, pero lo asumo con resignación", dice Bolaños.



¿Cual es el defecto propio que deplora más?
Yo soy una persona llena de defectos y todos son deplorables.

¿Cuál es el defecto que usted deplora más en otros?.
La intransigencia, la prepotencia, la intolerancia.

¿Cuál es su estado mental más común?.
En los lindes de la idiotez, como casi todos los seres humanos.

¿Cómo le gustaría morir?.
Haciendo el amor. (En realidad, a cualquiera le gustaría morir así.) Si después de muerto debe volver a la Tierra, ¿convertido en qué persona o cosa usted regresaría?.
Un colibrí, que es el más pequeño de los pájaros y cuyo peso, en ocasiones, no llega a los dos gramos. La mesa de un escritor suizo. Un reptil del desierto de Sonora.

Y si pudiera elegir un personaje de ficción, ¿cuál escogería?.
Super Ratón. Bugs Bunny. Speedy González.

¿Cuál es su mayor extravagancia?.
Mi gran colección de wargames de mesa y mi pequeña colección de wargames de computador.

¿En qué ocasiones miente?.
Cuando hablo de pintura abstracta. Cuando hablo de poesía metafísica.

¿Qué persona viva le inspira más desprecio?.
Son muchos y ya soy demasiado viejo como para establecer un ránking.

¿A qué persona viva admira?.
Admiro a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo. A gente como ellas.

¿Qué palabras o frases usa más?.
"Joder" y "coño".

¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?.
Mi felicidad imperfecta: estar con mi hijo y que él esté bien. La felicidad perfecta, o su búsqueda, engendra inmovilidad o campos de concentración.

¿Cuál es su mayor miedo?.
Cualquier cosa que pueda hacerle daño a mi hijo.

¿Cuál es su mayor remordimiento?.
Son muchos y se acuestan y levantan conmigo y escriben conmigo porque mis remordimientos saben escribir.

¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente?.
El éxito, pero el éxito no es ninguna virtud, es sólo un accidente.

¿Qué le disgusta más de su apariencia?.
A los 46 años, si algo me disgustara de mi apariencia sería un gilipollas. Todo me disgusta, pero lo asumo con resignación.

¿Cuáles son sus nombres favoritos?.
De hombre, Lautaro. De mujer, Carolina, Lola, María. De perro, Laika,Duque, Popi.

¿Qué talento desearía tener?.
Saber tocar la guitarra. Saber jugar al fútbol. Ser un buen jugador de billar.

¿Qué le desagrada más?.
La mala educación.

¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?.
Yo he sido siempre feliz. Al menos, razonablemente feliz. Y en lugares y fechas en donde la felicidad no era precisamente lo que más abundaba.

Si pudiera, ¿qué cambiaría de su familia?.
Nada. Primero porque no puedo. Segundo porque es imposible.

¿Cuál es su mayor logro?.
Mi mayor logro sería que mi hijo me recordará con cariño. Y que mis amigos y amigas, de vez en cuando, también. Pero eso es una batalla futura.

¿Cuál es su posesión más atesorada?.
Mis libros.

¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?.
Los niños que mueren de hambre, los que mueren por enfermedades fáciles de combatir, los niños que sufren abusos sexuales, los niños que tienen que trabajar, los que son maltratados por sus padres. La manifestación más clara de nuestra miseria y de nuestro fracaso como seres humanos es eso y es Auschwitz.

¿Dónde desearía vivir?.
Si tuviera mucho dinero, en Andalucía, sin escribir ni hacer nada,pasarme el día en los bares y conversando.

¿Cuál es su pasatiempo favorito?.
Ver videos hasta las cinco de la mañana.

¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en una mujer?.
La inteligencia y la bondad, igual que en los hombres. En tercer lugar el humor, aunque si hay inteligencia y bondad el humor se da por añadidura.

¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en un hombre?.
Vaya, creo que esta pregunta ya está respondida. Añadamos una cuarta cualidad, deseable pero no exigible: el valor.

¿Cuál es su héroe de ficción favorito?.
Julien Sorel. El Pijoaparte de Marsé. Horacio Oliveira de Cortázar. El Superman de mi infancia. El atormentado Spiderman. Drácula. Sherlock Holmes. El padre Brown. Don Isidro Parodi. El Cristo de Elqui.

¿Cuáles son sus héroes de la vida real?.
Los mismos que ya he mencionado. Añadiría a Misael Escuti y a Honorino Landa. Añadiría a Baudelaire y a Oscar Wilde.

viernes, enero 21, 2011

EFEMÉRIDES


25 de enero nace 1882 Virginia Woolf, escritora británica, una de las más destacadas figuras del modernismo literario del siglo XX. Sus principales obras son La señora Dalloway y Una habitación propia. ...

27 de enero de 1832 nace Lewis Carroll, escritor y matemático inglés, autor de los famosos Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo.
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28 de enero de 1853 nace el escritor y político cubano José Martí. Su obra poética lo convirtió en un precursor del Modernismo. Escribió también obras de teatro, ensayos y folletos políticos.
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1º febrero de 1851 muere Mary Wollstonecraft Godwin, más conocida como Mary Shelley, escritora inglés reconocida sobre todo por ser la autora de la novela gótica Frankenstein o el moderno Prometeo.
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7 de febrero de 2003 murió Augusto Monterroso , escritor guatemalteco reconocido por sus cuentos breves e hiperbreves. Su relato “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí“, de solo 7 palabras, estuvo considerado el relato más corto de la literatura española por muchos años.


Recordemos de él algunos de estos textos minúsculos, que son su especialidad.

Elegimos cuatro de temática literaria:

Epitafio encontrado en el cementerio Monte Parnaso de San Blas, S.B.
Escribió un drama: dijeron que se creía Shakespeare.

Escribió una novela: dijeron que se creía Proust.

Escribió un cuento: dijeron que se creía Chejov.
Escribió una carta: dijeron que se creía Lord Chesterfield.

Escribió un diario: dijeron que se creía Pavese.

Escribió una despedida: dijeron que se creía Cervantes.
Dejó de escribir: dijeron que se creía Rimbaud.
Escribió un epitafio: dijeron que se creía difunto.

Humorismo El humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias. Excepto mucha literatura humorística, todo lo que hace el hombre es risible o humorístico. En las guerras deja de serlo porque durante estas el hombre deja de serlo. Dijo Eduardo Torres: "El hombre no se conforma con ser el animal más estúpido de la Creación; encima se permite el lujo de ser el único ridículo". La tela de Penélope o quién engaña a quién Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas. Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo. De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada. La tortuga y Aquiles Por fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta. En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones. En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles. ...

8 de febrero de 1828 nace Julio Verne, novelista francés, autor de las primeras obras de ciencia ficción, como 20 000 leguas de viaje en submarino.
...

9 de febrero de 1881 muere Fedor Dostoievski, novelista ruso, autor de varios clásicos del siglo XIX: Los hermanos Karamazov , Crimen y castigo y El jugador.
...

12 de febrero de 1984 muere Julio Cortázar, escritor argentino.
...

13 de febrero de 1934 nace José María Carandell, escritor español. En 1981, muere Tomás García Figueras, también escritor español.
...

17 de febrero de 1836 nace el poeta español Gustavo Adolfo Bécquer, representante del romanticismo de España.

jueves, enero 06, 2011

Del Corazón Serrano (o la Amabilidad)


Sí, lo diré: Fue el momento más incomodo de mi vida. Y eso que mi vida de momentos incómodos no carece. Cuando llegamos: Tres señoras morenas nos recibieron con algo de fastidio y envases vacíos, la cumpleañera era mi amiga, hija de una las tías. ¡Ah! Conmigo, acompañándome, Fernando y La China.

Las chelas llegaban sin que nadie las pida, no se hablaba mucho o al menos yo no lo hacia. Un par de palabras con la China, por escasas ocasiones con la festejada; si con las justas me detenía para mirar a Fernando, él siempre tan maricon y explosivo. Era gay, y lo que era peor: parecía gay, por momentos mujer.

Fue después que las chelas hicieron lo suyo en las mentes de los reunidos, que comenzaron ciertas miradas de recelo hacia mí. Lo olvidaba el Marido (version chalaca de Tony Motola “cara cortada”) de una de las tías, llego. Emplazando un par de bromas con todos, en especial conmigo. Mi reacción fue: aceptar con risas hipócritas sus chistes, de colegio, poco inteligentes, ¡Agarremos a uno de punto! Bien después que se instalo como faraón en su sillón, su polo RIP SOL blanquito, como la coca, le llegaba hasta las rodillas, un crucifijo de oro en el pecho, y una mágnum por atrás como a la altura del poto, de la raya.

Todos en su salsa, aunque escuchábamos cumbia: Los Hermanos Traipen. Iban poniéndose sabrosas las chicas, la china me decía: toma poco, para que no te jodan. Acepte el mandado, lo encontré normal.

A Fernando, acostumbrado, lo jodian como siempre por cabro, ese era su pecado, cargaba la cruz con una risita de travestí puta y los labios de escolar coqueta. Creo que en ese momento se inicio todo, al sentir que no le afectaban los comentarios, el blanco cambio de posición.

Era lógico, hasta cierto punto permitido y aceptable, si no me hubiera pasado a mí, claro. Entonces una de las tías, la más gorda, le dijo con cierta fascinación a la China: Que bonito es… La verdad es que al principio pensé: fue un halago, imagino que era porque estaba acostumbrado a que las personas mayores, ajenas a mi familia, sólo me halagasen. Luego otra tía menos gorda pero más negra, resalto lo de negra, busco las chapas de siempre: Chilcano y cabezón, reí con complicidad y pena, yala, pensé.

Y de tanto pensar me di cuenta, mientras La china y la cumpleañera cuchicheaban reían bebían se embriagaban eran felices, amigas. Por que me miran tanto. Oe feo, chupas como pendejo, fue la primera voz, de la más vieja y gorda, la mas negra: y encima sapo. ¿La cara se me caía? La verdad que no. Pretendí pasarlo por alto. Total, la chela era de ellos ¿no?

Entonces en aquel rincón me ilumine: No era la primera vez que tomaba con gente mayor, ellos tienden a invitar, era un invitado ¿no?, amigo de la agasajada.
Pensé, en todas las casas donde he tomado antes, las chelas, como aquí, van y vienen y todas llegan con una sonrisa adherida al envase. Nunca con insultos o agresiones.

Fernando dejaba caer su cabeza sobre el respaldar del asiento. cansancio, pesadez en el ambiente. La China, linda ella bebía sin notar nada, la cumpleañera, mi causa, reía a carcajadas con las ocurrencias de La China, lo mío era un duelo aparte.

Entonces Tony Motola arremetió, esta pintado, no dice nada, y la gorda y la negra: Feo y camarón, gansazo. Reían, se burlaban. Yo miraba el piso, no estaba humillado. Así serán ellos, pues, qué se podía esperar.

A decir verdad pensaba en mi familia, mis amigos, en todos. Somos de provincia o descendientes de provincianos o algo de sangre serrana tenemos, aunque sea por un tío lejano. Y desde siempre he sabido como es alcoholizarme con ellos, con sus ademanes de guerreros abatidos por los años, siempre sufridos, en algunos casos más nostálgicos recuerdan al pueblo que los vio nacer: Sí de mi tierra vine wawita, huevon. Chambeando duro todos los días, cargaba bultos, en construcción, de todo huevon, a veces no había que comer mi aguadito nomás me empujaba. Por eso me puedo tomar mis cervecitas, por que soy chamba pe´ sí o no cumpa. Chupa huevon chupa nomás. ¿Qué distinto no? No por la cerveza, no será la primera ni la última vez que la probare, lo digo por: La amabilidad.

Y de eso carecen estas gentes, la turbia capital, las ha convertido en maquinas bebedoras de licor, parecen haber olvidado que el objetivo de todo es pasarla bien, y no – como dice mi tía- tragar cerveza hasta que el culo les quede plano. ¡Ah! Que difícil es estar aquí, que pesado.

La china comento algo sobre Fernando que estaba muy seductoramente puta con Tony Motola, no era novedad. Dijo La china al malandro: Métele un balazo. La otra morena, la más guapa, su mujer, la única que no me atacaba, la más gente, con voz imponedora, como ofendida: Él no es matón.

Supimos en ese momento que la más regia de las morochas, se sintió muy herida, y no tardo 5 segundos en responderle a La China: Que haces con él, y sus cejas acusadoras se dirigieron a mi maltratada presencia.

La china no me podía fallar, estamos estudiando pues, hacemos nuestras prácticas y no nos pagan, algún día será periodista y vamos a ponerle las chelas por torres. Un puñete de palabras se estampo en sus caras. Pedí permiso para ir al baño, restregándoles mi educación, y me fui.

Al poco rato La china más mareada bajo, con Fernando, tan mariposa flotando por las escaleras. Les dije vamos, y siguieron detrás mió, en silencio.


Omar Livano.

martes, diciembre 28, 2010

un cuento corto



El descubrimiento

Adormecido por el miedo se detuvo de pronto. La transpiración mojó los pliegues de su camisa, en la boca un dolor creciente, inventado, iba apoderándose poco a poco de su mente. Una macha blanca extendiéndose por su cabeza, se apoderaba de sus sentidos. -Déjame en paz. Mónica dio la vuelta, sobre sus pasos, y soltando maldiciones echo a correr. En el paradero de colon los automóviles se amontonaron frente al busto del conquistador: taxis, combis, que a esa hora de la noche confundían sus luces amarillentas en la neblina espesa y cruzando decididamente la avenida vacía, desaparecían entre los arbustos de Wilson. Quiso seguirla, decirle no te vayas flaca, te quiero, pero no pudo. Por una extraña razón se había quedado quieto mirando la calle, ya no sudaba, y el vacio de su mente se iba poblando vertiginosamente de recuerdos. Encendió un cigarrillo, el contacto con el tabaco amargo le hizo chasquear los dientes. Caminó unos pasos intentando poner en orden esa película que, a pesar de ser él mismo protagonista, ahora desconocía y corría desordenadamente frente a sus ojos, siempre inconclusa. Un viento frío golpeó las paredes de las casas antiguas que, aun hoy, de pie vigilan la noche. Un rugido fulminó su pecho, las manos en el bolsillo del pantalón estrangulaban la rabia, el dolor. De regreso a casa, las sirenas del serenazgo lo asustaron, cruzo Uruguay, dobló por la plaza Francia y siguió derecho hasta el jirón de la unión. Algo se había roto dentro de él, el fracaso que conocía de oídas, era ahora propio, en su interior un fuego se había extinguido para siempre.
El día en que se conocieron, él le invito un helado y ella le dijo, vete, no sé quién eres. En su manera de mirarlo Roberto había descubierto un cariño que asomaba, sus ojos grandes lo dejaron prendado la primera vez que la vio, sus cejas pobladas, sus maneras de mover los labios cada vez que hablaba. La primera semana que se instaló fuera de la zapatería peyless pensaba: no me hará caso pierdo mi tiempo, no volveré, pero al día siguiente regresó. A la salida la atajó y le dijo: te acompaño a tu casa. Ella se negó, recordaba la voz melosa de su madre: “Mónica no hables con extraños” Pero poco a poco, con el correr de los días le fue tomando cariño a ese loco de jeans y pelo alborotado que, al caer la noche, cada día religiosamente vigilaba su salida frente a la puerta de la zapatería done ella trabajaba. Sus amigas de la tienda la fastidiaban: Mónica ya tienes novio, preséntalo pues, y ella: no es mi novio un fan nada más, se reía. Un día le estiró la mano y le dijo su nombre, hizo piruetas, caminó a su lado le decía a la gente que pasaba: es mi chica ¿no es linda? , y ella pensaba, me quiere. ¿Cómo había sido posible que ese amor tan puro y cargado de intensidad se haya disuelto ahora en una pena que inundaba su alma? ¿Había hecho algo mal? No entendía nada, avanzaba como empujado por el aire. Pensaba: no volveré a enamorarme nunca.
Roberto recordó el paseo que dieron juntos: el jirón de la unión rebalsando de gente, las veredas lustrosas de las tardes interminables del verano, el parque universitario iluminado por dos lenguas doradas que, flanqueando la calle lamen la pista. Autos, sirenas, se tropezaban con la gente y la flaca bromeó diciendo que si hubiera un terremoto o un incendio como el que hizo cenizas el mercado central, morirían juntos. La vista encontraba sin esfuerzo a los ambulantes que azuzados por los serenos, corrían despavoridos regando la vereda con equecos de colores, plástico, comida. Las palabras de la flaca se iban juntando en su cabeza como se juntan las piezas de un rompecabezas, pero estas no llegaban nunca a un desenlace.
Una luz fugitiva se iniciaba en sus ojos, se extinguía. ¿Sería en esos momentos, esa caminatas largas bajo el sol abrazador donde había tenido su primer encuentro con el amor? Nada importaba ahora. El Rímac ha crecido, el agua color barro corre enfurecida hacia el sur, y él arañando con la mirada el cielo, busca una respuesta, convencido de que a pesar de lo inexplicable del amor, ese torbellino que nos envuelve sin distinguir absolutamente nada fuera y dentro de nosotros, lo abrazará de nuevo, mañana, el próximo verano, o quizá cuando se hay olvidado por completo de que, a pesar de no verlo, está siempre con él.

ROBERTO BERMUDEZ GRAU

jueves, diciembre 16, 2010

UN CANTO A LA VIDA Y LA ESCRITURA


Al recibir la distinción con que vuestra libre Academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que yo mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre, casi joven todavía, rico sólo de sus dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a ‘vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de espíritu podía recibir ese honor a tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natal conocer incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud, y ese malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como era imposible igualarme a él con el solo apoyo de mis méritos, no he hallado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, que os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario es porque no me separa de nadie, y me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres, ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues, al artista a no aislarse; le somete a la verdad, a la más humilde y más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia más que confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo, a los demás, equidistante entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso, los verdadero artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar. Y si han de tomar un partido en este mundo, sólo puede ser de una sociedad en la que, según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.
Por lo mismo el papel de escritor es inseparable de difíciles deberes. Por la definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si en ello consiente. Pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones en el otro extremo del mundo basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo, para hacerlo valer mediante todos los recurso del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificará sólo a condición de que acepte, tanto como pueda, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad, y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la servidumbre que, donde reina, hace proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, especialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, Y que para completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y de las prisiones, se ven hoy obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación han reivindicado el derecho al deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de entre nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad.
Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida —en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos, y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en la que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión—, esa generación ha debido, en si misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura, y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza.
No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto sí es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado el momento, sabe morir sin odio por ella. Es esta generación la que debe ser saludada y alentada dondequiera que se halle y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra profunda aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabais de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros, de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y a la belleza; consagrado en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de eso, podrá esperar que él presente soluciones ya hechas, y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir, como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse orgulloso apóstol de virtud? En cuanto a mi, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente ella me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad, y por la esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos limites, a mis dudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y si, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Solo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de fidelidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.

albert camus, 1957 discurso al recibir el flamante NObel