Sobre TAJO:

“Somos aficionados a la poesía. No somos profesionales. Que eso quede bien claro, pues una buena parte de nuestra crítica es potenciada desde esa perspectiva, desde esos campos abiertos que supone tal condición". (Roberto Bolaño)

jueves, septiembre 27, 2012

Pregúntale a los muchachos

Un poema más que nos grita en la cara pelada que hay talento floreciendo entre carpetas y clases aburridas de Economía.

Yamyle Soto: Pequeña muchacha, rebelde, recontra rebelde y portadora de una sonrisa que no se acaba nunca. 15 años y entre otras actividades no se cansa de enorgullecer a su profe...o a su amigo... o a su hermano (Corazón)





Sentémonos aquí, justo donde nos hemos encontrado
Y cuéntame, cuéntame lo que te ha pasado.
No te pongas nostálgico,
Sabes que no todo en esta vida es lógico.

Confiésame  que has estado haciendo,
A qué lugares estas asistiendo.
Cuéntame de ella, en la que piensas a diario,
Como si estuviera en tu itinerario,
Las 24 horas del día,
La que hace que se te vaya la vida,
En cada beso que recibes,
Como un niño ansioso de recibir  juguetes.

Pero cuidado con lo que me cuentes,
Quizá no es lo que en realidad sientes
Y es ahí cuando entraremos en contradicciones,
Y te diré que renuncies a esas adicciones.

Siéntate conmigo
Y luego te contare como yo vivo
Siéntate a mi lado,
Para saber que no estoy abandonado.

Siéntate amigo, porque hace tiempo no nos juntamos, ni hablamos
Y hoy que nos encontramos,
No nos perdamos más.

Al maestro con cariño: homenaje a Juan Ramirez Ruiz

Por Omar Livano

¿Y por qué nos miraron así?


En un programa de radio algunos de nosotros pretendimos ser sinceros y postulamos que el mejor poeta peruano era Juan Ramírez Ruiz. De inmediato fuimos tildados como locos o ignorantes. Los primeros que dieron el grito al cielo fueron “los Vallejos”. Luego también lo hicieron algunos otros disque entendidos, pero a ellos —hasta el día de hoy— no los hemos tomado en cuenta (sin ánimo de ofender, por supuesto).

Por lo general, aquellos que llevan estampado en su polo una foto de Vallejo, poco han leído de él. Quizá nada. Pero seamos positivos y supongamos que en realidad nuestra opinión sí los ofendió. Entonces corregimos: Vallejo es el patriarca, el mejor en nuestra lengua (hasta me atrevo a decir que como él nadie),  pero más allá de ver quién es el mejor, sentíamos que era necesario soltar la bomba. Expectorarla. Vallejo se hace inalcanzable en Poemas humanos. Lo sabemos y hemos crecido con esa consigna. Pero no es el único, no era el único capaz de hacer de lo cotidiano y recontra peruano una aventura poética perdurable y feliz. Pocos como Vallejo y Juanra se atrevieron a tanto. Pocos como ellos conocieron de tan cerca la  miseria: uno en París con aguacero y el otro  con una agonía anhelada que nunca cumplió: “Y tengo  además un deseo: quiero recorrer el mundo”.

Juan Ramírez Ruiz, desbordó y se derramó como una vertiente borrascosa o un huayco a través de sus poemas. Quiso ir —como Vallejo— más allá de toda postura convencional e hizo de la teoría un arma más (no un escudo para esconder las limitaciones, como hace la mayoría). Fue inalcanzable en Un par de vueltas por la realidad y explorador en Las armas molidas. Chiclayano de nacimiento y luego  arrojado por la vida a una Lima que nunca comprendió. Pero que igual supo hacer suya en cada verso que recorre a través de su obra y, ¿por qué no?, también de su vida.


                Una vida: Un Júbilo


Dónde nació exactamente importa poco. Nos basta con saber que era provinciano, campechano y solidario. A pesar de que hay quienes se desviven pintándolo como huraño y violento. Por el contrario, los que fueron sus más cercanos amigos se refieren a él como alguien que “si tenía dos soles en los bolsillos compraba emoliente, bizcochos… y  comías a su lado tranquilo, protegido, risueño, hablando de poesía…”. Entonces, ¿a qué se debe este mito que tilda a Juan Ramírez Ruiz como un ermitaño desagradable?

Probablemente todo se origina en Hora Zero, movimiento que funda con Pimentel (otro grande). El resto es historia conocida. Pero el desprestigio que sufre Juan está más bien acuñado por los opositores de la pandilla. Se sabe que existieron dos etapas en el proceso del grupo: un antes y un después de Ramírez Ruiz. No se trata de hablar de él como el mesías de la poesía peruana (aunque confieso que esta idea me seduce), hablamos de lo que se sabe y lo que se ha investigado hasta el momento. Por ejemplo, el día de la presentación de la segunda fase de Hora Zero, con Tulio Mora estrenando camiseta y un manifiesto (Contragolpe al viento) escrito —inusualmente— desde el extranjero, a la par también se reparte una hoja, de seguro maltratada y reproducida con mimeógrafo, que contenía el Palabras urgentes 2 escrito por Juanra.
Documento que Tulio Mora obvia en Los broches mayores del sonido (2010) —vaya usted a saber por qué—, pero que denuncia, sin pelos en la lengua, la convalecencia de un grupo que se caracterizó por sus ansias de ruptura, y que ahora buscaba “llegar a través de otras vías al establishmen cultural”. De esta manera la segunda etapa de Hora Zero quedaba bien acolchada, hasta nuestros días.

Es probable que uno de los pocos que luchaban, con fervor, por los primeros objetivos de HZ, y de paso el más influyente, haya sido Juan. Esto obliga a pensar que aquellos que se resistieron a aceptar como tal la poesía integral, o por lo menos a tomarla en cuenta, se han desvivido hasta el día de hoy para apagar su voz.
Jorge Pimentel, amigo y congénere, ha dejado guardados bajo siete llaves aquellas luces y esa propuesta integral y magistral en Ave soul, libro que se publica dos años después de Un par de vueltas por la realidad, pero que de hecho fue escrito a la par entre conversaciones exuberantes y experiencias recogidas por ambos poetas. Esta simultaneidad nos sugiere que ambos libros se influyeron mutuamente. Salvo algunas diferencias de estilo, otras características como el vértigo, el movimiento, el lenguaje y la visión aplastante de la ciudad, son similares. Pero este es otro tema.

No pretendo formular una biografía sobre Juan Ramírez Ruiz, pero es necesario decir algo sobre sus últimos días y su deceso. Primero, que a pesar de que rechazo la muerte —sumergida en el olvido y la miseria— de Juan, también reconozco que fue esa marginalidad la que me sedujo para escribir este texto. Segundo, estoy en contra de todo aquel que diga que Juan sólo es un mito o un ícono de la contracultura de Quilca y submundos donde disque impera la pose antes que la poesía. Juan Ramírez Ruiz es, en realidad, un poeta palpable que se envolvió en la locura de una vida consecuente con su palabra. Nunca fue de aquellos que huyen ante el primer síntoma de fracaso. Él creía fielmente en el poder de la poesía y murió con esa ley. Legándonos los primeros trazos para un cuadro que las futuras generaciones no hemos comprendido, o no hemos querido comprender. “Pregúntale a los muchachos”, decía Juan, con el alma repleta de esperanza. Y esto es bueno recordarlo, para construir una nueva y auténtica poesía.

                Un Par de vueltas (más) por la realidad

Qué difícil es encontrar este libro. A decir verdad es difícil hallar cualquier libro de Juan Ramírez Ruiz. Desconozco los motivos de esta extraña escasez. Lo cierto es que estos poemas hierven a pesar del tiempo y son tan urgentes como la vida misma.

De arranque el poeta te da la bienvenida con dos manifiestos (El punto sobre la i y Palabras urgentes) que enardecen e invitan a desbocarse en la lectura de los poemas siguientes. Cabe mencionar que este libro también es una fórmula que intenta romper con toda tradición arrastrada. Es decir, no solamente es una voz provinciana que mira a Lima y a él mismo envuelto en sus circunstancias, como lo indica Juan Zevallos Aguilar, también es una fórmula poética, y si nuestra lectura es más desesperada, puede ser, también, un grito que nos mantiene atados a la vida. Con todo lo  que esto implica.

En la primera parte (Vía férrea), habitan 6 poemas que tratan de meterle —por cualquier medio— vida al poeta. De esta manera se desecha cualquier intento lírico y se percibe una voz común, cercana y amigable con el lector. Quizá esta sea la parte más vertiginosa de todo el libro. Era necesario entonces esculpir el perfil de la voz que nos guiará en las próximas páginas. Pero eso no quiere decir que se trate de una sola voz. El egoísmo típico de los poetas líricos (yo siento, yo pienso) queda enterrado y es revelado, frente a estos poemas, como acaparador, e incluso ridículo.

Juan decía que nuestros tiempos (violentos, estúpidos y superficiales) no pueden ser abarcados por estos cantos. Así —con una poesía más conversacional— los 6 primeros poemas de la segunda parte (Media docena de inconvenientes por remediar) le darán vida a voces que parecen haberse perdido en la rutina de un país despiadado y enemigo de los sueños. Julio Polar, que pertenece a esta sección, es más bien la confesión y advertencia que Ramírez Ruiz hace a todos aquellos que osen meterse en literatura: “Y yo lo sé, yo lo he visto. A mí me consta”, sentencia una total derrota.

Las dos ilustraciones que pululan alrededor del poemario, son los instantes capturados en palabras que pueden ser capaces de llenar una habitación entera con dinamita encendida y, a la vez, desahuevarnos. Pero todo no queda ahí. La tercera parte (Todos los detalles de una experiencia repetida durante días, meses y años) suena como un rechinar de dientes y proyecta una suerte de raciocinio acelerado por parte del poeta. Donde se va desde Lima hasta Chiclayo el 20 de enero, recorriendo, antes, la panamericana norte.
Lo más destacado de aquí es, quizá, el poema “El único amor posible entre una estudiante de academia…”, donde se construye una relación sentimental (cortejo, goce, sexo, confidencias, vivencias y desenlace trágico), un poema que escupe los senderos para un estilo nuevo, no explorado hasta el día de hoy. Finalmente la cuarta parte (Un par de vueltas por la realidad) está representada por un poema homónimo, que condensa toda una vida y es quizá el poema más desgarrador y fuerte del libro.

Un par de vueltas por la realidad es un poemario que no solo se mantiene vigente, sino que esconde múltiples argumentos para ser considerado un libro a la altura de Poemas humanos. Es un grito descarnado en pro de la vida y que batalla contra la intransigencia y la apatía. Repito, es casi imposible encontrarlo; quizá ya se agotó —aunque, sinceramente, lo dudo—, pero felizmente lo que nunca se acaba son las ganas de releerlo.

En pocas palabras…

Probablemente Vallejo figure en todos lados como el mejor poeta peruano. Esto es entendible, justo e inevitable, pero urge que al menos alguien se atreva a decir que Juan Ramírez Ruiz también es el mejor poeta peruano, o el único poeta que nos merecemos (con poemas inalcanzables, ansiosos, atrevidos, llenos de vitalidad y con la muerte que arrastra a los poetas latinoamericanos hasta la más sublime y extrema de las situaciones). Como dice Antonio Chumbile: es necesario para alcanzar un equilibrio. Si no es así, corremos el riesgo de perderlo totalmente. Así como ya estamos perdiendo su obra. O así como ya, por necedad, lo perdimos a él. De mi parte: gracias, Maestro.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
Los interesados en Juan Ramirez Ruiz puede comunicarse con Jorge Luis Roncal, quien editó y ahora vende el libro LAS ARMAS MOLIDAS 
( Su facebook es http://www.facebook.com/jorgeluis.roncalrodriguez y su número 4261727 - 962679934)

Por el momento no hay dónde conseguir  Un par de vueltas por la realidad... Ojalá pronto se edite!!! 

Relato: La entrevista



Por Jairo Perez *


El anuncio estaba claro: trabajo de auxiliar, 400 soles mensuales por medio tiempo, de lunes a viernes. Ir a la entrevista con ropa formal; eso significaba no vengas con bermudas, chancletas y el polo con un anuncio de jabón.
Mejor propuesta era difícil de conseguir y él necesitaba el empleo con urgencia. Cansado de oficios mediocres y abrumado por las deudas, debía acudir a esa entrevista.
Lo primero: no tenía ropa formal, nunca pensó necesitarla; es lo mismo que saber el concepto de números cuánticos, ¿para qué sirve? Pidió prestados ochenta soles con la condición de pagarlos con creces. “Avísame cuando necesites algo”, le dijo al buen amigo. “¿Para qué?, vales menos que un desecho orgánico”, habrá pensado éste. Se consiguió zapatos de otro amigo, no los volvería a ver, y ya estaba.
Era el día. No durmió casi nada. Ojeroso, desanimado y barbón, tomó el desayuno: pan con té, las energías le sobrarían. A alistarse. Un baño helado, “¡qué qué fri-frío está haciendoooo!”, rasurarse, cortes en la cara, y un poco de loción. Se puso los zapatos, quiso ponerse los pantalones, tuvo que sacarse los zapatos, recién iban los pantalones, la camisa, la corbata, “cómo aprieta”, es lo peor en estos casos. “Me voy”, se dijo y salió de su casa.
Sólo tuvo que andar media cuadra para darse cuenta de que los zapatos lo estaban matando. Para remate, la avenida estaba lejos. Siguió caminando, arrastraba los pies porque ya tenía heridas en los tobillos. Tomó el carro: “¿Va por la Arequipa?” “Sí, sí, suben, arranca”. En el viaje meditó sobre la entrevista: ¿Será personal?, no tengo currículum, aunque decían sin experiencia, ojalá no me hagan esperar mucho. Se quedó dormido.
Despertó en la avenida Bolívar. Hacía bastante calor. Sintió que sus axilas sudaban, miró disimuladamente y qué mal: mancha por aquí y por allá, siempre le pasaba lo mismo a pesar del desodorante. Espero que no se note: era inocultable.
Llegó a su destino, volvió a caminar y recordó las heridas en sus tobillos, aparte sentía cierto hedor. Zapatos apretados, corbata asesina y axilas manchadas. La entrevista era en un edificio. “Buenos días” al guachimán, “buenos días” a la recepcionista; “pase por aquí”, le indicaron. Un salón con sillas incómodas, de las que hacen doler atrás, y gente como él, fracasados, esperando.
Se sentó en la tercera fila. Había por lo menos treinta personas más. Corbatas, minifaldas, sus axilas. Pantalones, blusas, sus tobillos. Entró una señorita y empezó la charla. El nombre de la empresa, lo que hacía, los ámbitos de trabajo. Anotó todo lo que pudo. “Bla, bla, bla”. Anotó eso también. Acabó. Ahora una pequeña prueba: responder en la hoja con o no.


*Jairo Pérez Gamarra: Nació en 1986. Estudió en la UNFV  y en la UNMSM. Ha publicado en el 2004 el libro de cuentos Los apostadores miserables. Actualmente es un vago.






Sobre el charlatán (Parte 1)



Por Antonio Chumbile




No lo niegues: debe ser uno de tus mejores amigos. Ya lo habrás visto en toda su pose: con sus lentes de marcos gruesos, su mirada inteligentísima, sus libros calienta sobacos (1), sus interminables citas, su barbita bequeriana, etc y etc… De seguro paras con él porque te presta libros, te da risa, te pone las chelas o porque tiene “buenos contactos”. O de repente, como la gran mayoría, tú SÍ le crees y no lo consideras un charlatán sino un genio. Es en este caso en que me es urgente soltar todo este rollo en contra de esta lacra que tanto daño le hace a nuestra literatura, aunque muchos (charlatanes) lo nieguen.

Los hay de dos tipos: el moderno y el posmoderno. En esta columna me centraré en la figura del primero, no sin antes mencionar algunos rasgos generales del segundo. El charlatán posmoderno es el “transgresor” superficial, ese que se la pinta de rebelde, inculto y medio loco. Disfruta mostrarse extravagante. Suele juntar en un solo discurso a Kant y a Melcochita, solo por el afán de llamar la atención, sin ningún fundamento real. Antes que plantear verdaderas propuestas prefiere construirse una imagen como “intelectual atrevido”, “irreverente”. Para esto es que busca generar ciertos escándalos inofensivos en la academia, es decir, controversias sin consecuencias concretas, excepto las de entretener, engañar y ganar algo de fama. Esta clase de charlatán, claro, es de producción reciente. Reconocerlo, en estos tiempos, en que los temas superficiales invaden como una epidemia todas las disciplinas, resulta cada vez más difícil.

Ahora sí, vámonos de frente a la mierda: el charlatán moderno. Sobre él, se suele decir que es ése del saquito, el del peinadito fino, con la pose de ser muy importante y de andar siempre muy ocupado… Pero estos rasgos son generales. Veámoslo por dentro… el núcleo de su forma de ser radica en su personalismo: le es casi imposible separar al sujeto de la idea. Así es que sus manías o tácticas se dividen según sobre qué persona esté tratando: un autor, su oponente o él mismo. 

A ver, vamos por orden:

01. El charlatán carece de ideas propias. Siempre parafrasea lo que antes ha dicho otro o lo que dice la crítica en general. Muchas veces, cuando tiene muy poco que decir sobre una obra, lo que le queda es hablar sobre el autor. Así es que llena su discurso contándonos una larga y minuciosa biografía, salpicada de fechas importantes, editoriales en que publicó, muchas anécdotas (que por supuesto sabe contar), chismes, sobre la posición del autor en la historia, el canon, y de yapa, cómo no, varios datos caletas para impresionar al público. Luego de escucharlo, uno tiene la impresión de haber visitado toda una enciclopedia meramente informativa (en muchos casos sólo una wikipedia), mas no una nueva propuesta de lectura.

Mediante este “biografismo”(2) también se encarga (sobre todo en presentaciones de libros y en citas de bar) de construir cierta “aura” alrededor de todo escritor que le caiga bien. De este modo logra disfrazar a los escritores regulares como ‘legendarios’, y a los mediocres como ‘interesantes’. Además, ya que el charlatán y el ayayero suelen estar en la misma persona, toda esta información también le es muy útil para acercarse a los más viejos, a las ‘vacas sagradas’. El charlatán les cae de lo más bien, no sólo cuando les hecha flores y más flores sobre sus logros, sino también cuando raja de otras vacas sagradas del medio y les suelta los últimos chismes de la farándula literaria. Muchos de estos especímenes, usando estos medios, logran alcanzar ciertos rangos importantes -incluso maestrías, doctorados-.
No te dejes engañar. Que no te importe si es el último producto importado desde la universidad de Harvard o de Oxford. Sólo fíjate en su discurso. No seas como él: despersonaliza la cuestión. No te centres en el quién lo dice (el sujeto) sino el qué propone (la idea).  

02. El charlatán tiene muchas artimañas para dar la impresión de que ha ganado un debate. En realidad eso es lo único que le importa: la impresión que se lleve el público sobre su figura. Como ya dimos a entender, las ideas, para él, sólo son un medio. Sus fines últimos están enfocados en su imagen, su reputación. De aquí es que nunca le guste estarse callado ni mucho menos ser opacado por otro charlatán en algún debate (menos por un “don nadie”). En cada discurso sobre el tema que sea, siempre encontrará la forma de hablar sobre “su persona”, sobre “su integridad”.  En un debate promocionará los (falsos) aciertos de su pasado para contrastarlos con las faltas de su oponente. En este camino también resulta lógico que suela atacar a sus adversarios diciendo “tú no leíste tal libro” (3), “tú no aprobaste tal curso”. “tú eres muy chibolo”, etc. Así logra pasar de una confrontación de ideas a una comparación de trayectorias, y aquí, claro, tiene todas las de ganar, pues como ya dijimos, el charlatán, antes que profundizar en su ideología, cuida celosamente su imagen, su currículum. Esta comparación de trayectorias es una de sus trampas más 

03. Otra pendejada suya al momento de un enfrentamiento consiste en decir que tú has dicho cosas que en realidad no dijiste. Le es casi un vicio poner palabras en la boca de los demás. Él cambia tu discurso a su conveniencia para luego refutarte fácilmente. Para esto, también le es de infinita ayuda su alta capacidad para fabricar ESTEREOTIPOS. Encasilla en un molde fijo a sus oponentes para luego citar ideas generales que estén en contra de ese molde común, esa postura trillada, ya sea literaria, política, filosófica o moral. Pooor ejeeemplo… si en un debate resaltas muchas cualidades de José María Arguedas frente a ciertas carencias de Mario Vargas Llosa, el charlatán de inmediato te encasillará en el bando de los más ortodoxos socialistas, o de los “resentidos sociales”, esos que defienden “el arte al servicio de una doctrina” “sin ningún tipo de consideración por la técnica o el estilo” y bla, bla. Claro, tú no has dicho esto, tú no eres así, pero el charlatán hará parecer a los demás que sí. Como paso siguiente, lo que hará es realizar citas trilladas para refutar tu supuesta posición trillada y así él quedará frente al público como el más sensato. Aquí también mucho cuidado. Así como un buen charlatán es muy hábil disfrazando sus ideas generales como ideas novedosas, también lo es disfrazando tus ideas originales como ideas trilladas. Y esto siempre con el mismo objetivo: arrastrarte a esos jodidos pozos que son los estereotipos.

04. Otra de las suyas en debate: las bromas. Cuando se ve acorralado por tus críticas le servirá como buen paracaídas lanzarse por ahí algún chiste. Con esto logra varias cosas a la vez: primero, rompe la tensión en el ambiente; segundo, hace reír al público y con esto logra caerles bien, parecer el más chévere; y tercero, de forma algo sutil, logra restarle importancia a tus críticas. Esta también es una de sus tácticas más usadas. Es natural que quien no tiene con qué defenderse termine huyendo. Sólo un público categóricamente immmbéecil podría dejarse engañar o distraer por estos medios. O mucho peor (diosito nos salve!): un público de charlatanes.

05. Como ya ves, un charlatán debe saberse -a la mala- todas las de Cicerón. La oratoria malintencionada es su falso escudo y disfraz. Con ella, de diversos modos, le encanta sumar a “su integridad”, a “su persona”, los mejores adjetivos: estudioso, aplicado, ingenioso, divertido e incluso chelero, gilero,… ,… y así, hasta poder coronarse como el “genio” de tu salón, el más bravo de tu collera o el líder de tu grupito de poetoides malditos. Para él suele ser una santa ley ser popular. Él cree que a más variados reconocimientos reciba, a más firme sea su reputación, más verdaderas y nuevas sonarán sus divagaciones y  parafraseos. Lamentablemente para muchos es así.

06. Pero como ahora sólo nos referimos al charlatán con el que sueles huevear, dejaremos de lado al charlatán reconocido y para seguir hablando sobre el que todavía busca reconocimiento. A éste le gusta mucho también asumir un rol paternal. Si dices algo imprudente delante de él o cometes algún error, este charlatán lo usará de todas las formas posibles para dominarte. Él no deja pasar ninguna oportunidad. Primero hará un enorme discurso sobre el insignificante desliz que has cometido (acabándote la paciencia y diciendo “déjame terminar, déjame terminar”) y luego pasará, con todo el descaro posible, a darte varios consejos y a brindarte toda una lista recomendaciones obvias con el único fin de mostrarse superior. Siempre busca causar admiración o miedo. Yo te digo: no le temas. No le envidies. No lo odies. Sólo menosprécialo. Ten en cuenta que sólo tiene la lengua más desarrollada que el cerebro. Ocúpate fríamente de desnudarlo esquivando las tácticas que suele usar. Por ejemplo, él puede un día querer agarrarte frío y preguntarte sobre qué autores de Luxemburgo pertenecientes al siglo XVIII has leído, sólo por joder. Ahí puedes inventarle con toda convicción un nombre cualquiera. Un nombre que suene bastante rimbombante, para que le guste más. Uno como Anderson Wenerbarten de la Jijunagrandísima. Lo más seguro es que él te diga “ah, sí, algo he leído sobre ése”, y ahí lo jodes diciendo “por las puras charlatán, ese nombre es tan falso como tu vida”. A veces funciona, y es todo un placer.

Pero tampoco seamos conchudos. Definitivamente, todos tenemos algunos rasgos  de esta alimaña en nuestro interior, consciente o inconscientemente. Espero que con este escrito haya contribuido en algo a reconocerlo mejor, pa mocharlo de tu vida y a ver si así se hacen más comunes los verdaderos intelectuales, aquellos que producen verdaderos aportes intelectuales bajo un firme compromiso ético. Basta de mentiras no literarias. ?


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(1) Dícese del libro que para más tiempo cerrado bajo la axila que abierto sobre un escritorio.
(2)Ojo con las comillas. No estoy en contra de aquellos que se nutran de la biografía de un autor para rastrear mejor las propuestas de sus libros. Lo malo (y triste) es sólo fundamentarse sobre ésta.
3) Para que en esto un charlatán se luzca del todo, nada mejor que saberse autores y obras caletas del medio. Poco importa si son malos o buenos. Lo fundamental es que sólo él los conozca.


martes, septiembre 11, 2012

TAJO 6 en el Tusuy Wasi


VIERNES, 14 DE SEPTIEMBRE
06:15 PM

Para los que no manyan como ubicarse, aquí el CROQUIS,

Prohibido faltar. Prohibido estar triste.