Sobre TAJO:

“Somos aficionados a la poesía. No somos profesionales. Que eso quede bien claro, pues una buena parte de nuestra crítica es potenciada desde esa perspectiva, desde esos campos abiertos que supone tal condición". (Roberto Bolaño)
Mostrando las entradas con la etiqueta cesar calvo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cesar calvo. Mostrar todas las entradas

jueves, agosto 25, 2011

Las Tres mitades de Ino Moxo


Aunque pequeño... algo es algo. Algunas palabras sobre la novela de Cesitar Calvo, a cargo de Carlos Soto Mayor (extraído de Letra Capital)



CESAR CALVO. Las tres mitades de Ino Moxo (Peisa, 2011)

TODO COMENZÓ a través de unos poemas reunidos en una antología de poesía del 60. La memoria suele ser frágil para algunos detalles: he olvidado, por ejemplo, el nombre del antologador, apenas creo recordar que la edición estaba a cargo de la editorial de Walter Noceda. Lo que sí conservo fresca es la sensación de deslumbramiento que, para un adolescente como era, significó leer “Venid a ver el cuarto del poeta” (“Desde la calle/ hasta mi corazón/ hay cincuenta peldaños de pobreza./ Subidlos./ A la izquierda”).

No pasó mucho tiempo, algunos meses, quizás, y pude ver a César Calvo en persona, por primera y última vez. El auditorio central del Museo de la Nación era el escenario de un Congreso de Literatura Peruana organizado por el Instituto Nacional de Cultura; y allí estaba él, algo disminuido por ciertas dolencias (había perdido la audición en uno de sus oídos), junto a Guillermo Thorndike. De esa noche recuerdo, claro, las resonancias de sus versos en su propia y particular voz.

Recordé todo esto a propósito de la reedición de Las tres mitades de Ino Moxo (y otros brujos de la Amazonía) que acaba de sacar la editorial Peisa en acertada iniciativa. La novela apareció originalmente en 1981, exactamente hace 30 años. Y el recibimiento por parte de la crítica, según he leído, fue bastante alentador. Las tres mitades de Ino Moxo no sólo se publicó en Cuba, sino que también se tradujo al italiano y al inglés. Precisamente, la edición que acaba de presentar Peisa trae consigo el prólogo de Antonio Melis que apareció en la edición italiana. Además de un riguroso glosario léxico de la Amazonía.

Sobre las bondades de esta novela, Luis Hernán Castañeda ha señalado, en un interesante artículo: “Lo más destacable de la novela son la estructura de las voces, la construcción del tiempo y la dicción de los narradores. Aquí se percibe la destreza de César Calvo para edificar una ficción que reelabora, en su forma, las coordenadas de una cosmología no occidental”.

Dónde: Librerías Crisol (E ibero y Malambito y Quilca y Amazonas

jueves, diciembre 16, 2010

PARA QUE CARAJOS SE ESCRIBE UN POEMA?


¿Para qué coño se escribe, a fin de cuentas, un poema?

Y aquí voy:

Se escribe un poema para sentirse el centro del mundo.
Se escribe un poema para hacer más fraternos a los hombres,
o sea para intentarlo,
o sea para que la poesía sirva para alguna cosa.
Se escribe un poema para no sentirnos el centro del mundo.
Se escribe un poema para ahuyentar a una muchacha.
Se escribe un poema para ayudar a la Revolución.
Se escribe un poema para que los maridos nos odien mucho más.
Se escribe un poema para que el poema nos acompañe,
para no estar tan inexplicablemente solos.
Se escribe un poema para duplicar el orgasmo
o al menos para ponerle un espejo delante.
Se escribe un poema para no tener tiempo de hacer otras cosas,
como por ejemplo para no tener tiempo de sufrir.
Se escribe un poema para que nuestra tía más querida
pueda decir a todos que tiene un sobrino que escribe un poema.
Se escribe un poema para rascarse la barriga en la playa,
para emborracharse en Surquillo
sin que a uno lo asalten los señores chaveteros,
para darse un descanso entre polvo y polvo,
para hablar de ello en el Instituto Italiano de Cultura,
para que a uno lo consientan todo,
para que a uno no le consientan ni un comino.
Se escribe un poema para que los psiquiatras no nos cobren,
y para que aquella rubia se sienta inmortalmente poseída,
y para que el general Velasco lea estas líneas
y sepa que Avendaño sigue preso
por orden de una culebra disfrazada.
Y se escribe un poema para viajar a los congresos de escritores
con todos los gastos pagados,
y para ponerle el cascabel al gato,
y para poder comer con la mano en los salones
si nos viene en gana,
y para morirse de hambre
y también para no morirse de hambre
y para quedar como un perfecto cojudo en todas partes,
y para usar calzoncillos de colores sin que
se nos acuse de maricas,
y para que ciertos cadetes nos dejen a solas con sus novias
creyendo que lo somos.
También se escribe un poema para no afeitarse nunca,
para ir al baño sin remordimientos,
para ir al comedor sin remordimientos,
para ir al dormitorio sin remordimientos,
y se escribe un poema para sentirse culpable de todo
y con esos materiales llegar a escribir algún poema.
Y también se escribe un poema para reírse a gritos
Y para vivir también se escribe un poema.
Y para tener un pretexto para no vivir, etcétera.
Y a propósito de etcétera:
Se escribe un poema para no escribir cosas peores,
como cartas de amor, cartas financieras,
facturas por pagar, tratados de filosofía miraflorina,
Y se escribe un poema por incapacidad,
cuando se ha fracasado como wing derecho en la
selección del colegio, cual es mi triste caso.
Y se escribe un poema para intensificar la vida,
como dice Stéfano Varese.
Y se escribe un poema, finalmente,
se escribe un poema para que en algún lugar del mundo,
mañana o dentro de veinte años
la pareja que está por suicidarse alcance a leerlo, y desista,
desista por lo menos unos días,
y comprenda que la vida
es siempre hermosa
a pesar de la vida… y a pesar del poema.