ADVERTENCIA: CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD... NO ES PURA COINCIDENCIA, ES LA PURITA VERDAD
Lima, Perú, 2012. Está sucediendo.
Mientras Mario Vargas Llosa sigue dando conferencias en Estocolmo y Reynoso busca otro arenal donde hablar gratis sobre literatura, los muchachos salen a la calle y se manifiestan. Su onda es la literatura (así, en minúsculas). Y aunque tienen la claridad del smog, les chorrea harta pasión. Señora, señor, muchacho, señorita: si usted ve a estos jóvenes lo mejor es evitarlos. Son arrogantes o muy frágiles. Les daré algunos consejos por si se topa con ellos. Lea atentamente las recomendaciones. Luego saque copias pertinentes a este tratado y repártalas concienzudamente. En caso de no tener otra salida llame a los policías, escóndase. Salga corriendo.
UNO
Están las que buscan un quiebre, un arañazo al entrañable lector. Las revistas socialcursisvitaloides. Sus textos crean utopías en el aire, establecen conciencia crítica y lanzan un puente entre sociedad y vida. Usan palabras como vitalidad o alguna parecida (consulten con la RAE). Son lectores perdularios y desesperados. Hay huecos dentro de su educación. Huecos inmensos. Su educación se da por otros medios. No sobrepasan los 34 años. Les llega el patetismo de la “crítica literaria” frente a la indiferencia de la sociedad. No, estoy exagerando: les llegan los estudiantes pedantes que se ufanan desde sus sillas –sus piececitos no llegan al suelo y por eso quedan oscilando-, esos eruditos cacas que señalan e imponen sus reglas pero nunca sudan la camiseta. Volviendo a los socialcursis… más que una máquina de escribir necesitan el calor de una mujer fogosa. Los puedes ubicar entre las avenidas Nicolás de Piérola y Tacna. Entre sus dedos cuelgan eternos cigarrillos. El tránsito corre por sus ojos. Su pasión no excluye cierta política, aunque vaga y mal instruida. Por ejemplo, muchos adoran a Vargas Llosa (1). Se van quedando solos. Abrázalos. Llama a la policía. Huye.
DOS
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| sórdidaskloakasposeroides |
Es importante cruzar sin mirar a nadie, apretar bien la cartera entre los senos, acelerar el paso, ahora que los muchachos de revistas sórdidaskloakasposeroides aparecen.
Algunas con mejores resultados que otras, pero con la misma decadencia y el mismo individualismo -amanerado, putañero, superficial- de siempre. Los resultados no son colectivos, son de algunos poemas, un cuento a las justas, un artículo “respetable”. Esto es importante: no hay propuesta, sólo amasijos e intentos. Su torrente parece psicodélico. Como gran parte de lo psicodélico es plástico y colorido. Dan la apariencia de novedad, aunque se trate de una payasada. Terminan socializando con viejos tópicos -utopías setenteras, literatura beat, nadaísmo, poserismo, alpinchismo y otros ismos. Escuchan rock de los 70’s. Son muchachos descuajeringados, flacos, con tatuajes en los labios y expansores en el culo. Usan ropa punk. Adoran a Morrison, a Cobain. Esto hace que sea fácil caer en las drogas. La desfiguración de los sentidos –dixit Rimbaud- es un latido deforme dentro de sus pellejos macilentos. Sus poemas son pedazos punzocortantes de caca revuelta en barbitúricos. Y su resultado no es precisamente pos-moderno y chévere (es casi como esa tendencia de las muchachitas adictas a Herman Hesse de tomar fotos a su pichi durante un mes para realizar dizque un cuadro vanguardista).
Generalmente esa hibridez y mutación sólo termina en hueveo. Sus argumentos se forman leyendo mal a Bukowski, Caicedo, Miller, Hamsun, poetas malditos, Malcon Lowry, Vallejo… etc, etc. Son jóvenes, pero la juventud no es una excusa para nada. Su aporte es tener huevos para editar sus revistas o fanzines sin otro mecanismo que la consigna de “hazlo tú mismo”. Son asiduos al centro. Corren, sobre todo en manadas. Los puedes avizorar entre las avenidas Camaná y Quilca. O jodiendo fuera del Queirolo, aunque se mueran por tomar un piscazo con cabanozzi adentro. Su adoración es patear la mugrosa sociedad. Y luego la desacreditan en sus muros de Facebook; sin embargo si alguien les pone una chela son capaces de soportarlo todo, incluso un falo venoso en sus lenguas. Leen sus poemas enmascarados. Aunque es imposible disipar su individualismo. Pastan marihuana por los rieles de los Desamparados.
Su pose por ser distintos parece puro derrame seminal (2). Gustan de tomarse fotos en cantinas, en sus eventos (3) y su poder e influencia se limita al Facebook (4). Si los ves no les des monedas. Llévalos al paradero. Detén un taxi. Busca la banca de un parque y cubre su ridiculez con periódicos. Tírales comida de palomas, para que vuelvan a volar.
TRES
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| cultisimapedantesególatras |
Y sigue el montón de revistas huracanadas de retórica sinvergüenza. Revistas exclusivas para las elites intelectuales. Estas revistas que se apoderan de las parcelas literarias son las cultísimapedantes Son publicaciones de universidad. Financiadas para vanagloriarse de la sapiencia de sus redactores. Se jactan de ser rigurosos y, salvo excepciones, llegan a los dos números. Dirigidas por muchachos ensimismados y pajeros. De pelos ensortijados y adictos a la música variada. Son variados. Caminan muy existencialistas y todo les da asco. Chupan ron de tres cincuenta para darse onda de hardcore. Su aporte es importantísimo, claro, aunque nadie pase las tres primeras líneas de sus textos. Son usadas en los mercados para envolver pescado, o por vigorosos mecánicos que tapizan las combis antes de pintarlas. Ellos, incólumes, meten la mano a los bolsillos. Avanzan contra la luz oblicua y sucia de las universidades. San Marcos, U.N.F.V, Católica, y otras. Se tiran al parque y -como los chanchitos de tierra- gustan de esconderse bajo una roca. Debajo de la roca leen a Derrida y vuelven a correrse la paja.
CUATRO
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| egoistoidespalabreadores |
Algunos consideran que sus textos serán importantes como la alquimia y se consagran suscribiendo títulos como “Publicaciones internacionales”. Publican a extranjeros, es cierto, aunque para mal: importa más llamar la atención que dar un aporte real. De estos también aparecen los “antologadores”: Muchachos solteros, profesores que bordean los 30 años. Cándidos, sueñan con el Premio Nobel. Andan de bruces por el sexo y la juventud. Usan lentes, pero no son intelectuales. Son los que mandan e-mails por internet como si se tratara de cojudas cadenas. Piden dinero y dejan su cuenta de banco. Luego aparece alguna antología de la “poesía latinoamericana” con prólogo de algún All Star peruano (5) Y fin. No hay venta asegurada, sí dinero asegurado de los idiotas para los antologadores. Corren a los cines porno de Colmena, jubilosos de llegar temprano y encontrar asientos.
Los antologadores y las cultisimapedantesególatras se llevan bien y muchas veces arman eventos juntos. Otras solo se corren la paja y apuestan a quién dura más. Por lo general, los antologadores son más precoces. Su aporte no engrosa más que el ego y las fechas de presentación en lugares apáticos como la Casa de la Literatura Peruana o la Casa Mariátegui (6).
De las revistas que buscan nuevos aportes algunas se limitan a escrituras que no entran al Canon. Como los bacteria-cuentos. Cuentos de una sola palabra. Bajo una consigna filosófica, justifican la necesidad de tal envergadura. Citan a Monterroso, analizan estudios de 5000 páginas alrededor de las líneas intensas de los bacteria-cuentos. Se asocian con escritores de otros países y editan sus revistas de rigurosa mensualidad. Su apariencia es decente, terno y corbata michi, zapatos lustrosos. Rezuman pulcritud. Como en los libros de Bret Easton Ellis, son unos psicópatas. Arman eventos y buscan sus propios escenarios. No entran en broncas, pero paladean las piernas de las muchachas adictas a Pizarnik. Y, en sus casas, se corren la paja como orangutanes. Trabajan desde una torre de cristal, bien cincelada: sin escaleras, sin ventanas, sin puertas; su olor natural es la caca de pericote y la naftalina. Sus revistas ayudan mucho a la sociedad: son buenas para acomodar las mesas viejas o para encender las fogatas de año nuevo. Cuiden a sus hijas de estas lapas. El problema es que son demasiados y, como la gripe porcina, se multiplican día tras día.
Hay publicaciones que no buscan integrarse al Canon sino sustituirlo. Estos son los egoistoidespalabreadores Separan dos ramas (citando, por supuesto, a un crítico famoso):
La literatura burguesa de la literatura comprometida con la propia literatura
Son casi unos parnasianos, predican el egoísmo –alzando una copa de cebada- de los escritores como una religión: un escritor debe meter las bruces dentro de su obra y dejar de lado la relación con la sociedad. Pueblan cantinas de Zepita, gorrean comida en la Casa del Pueblo, critican a los escritores “light” como Ampuero (aunque aún no logran escribir siquiera de forma respetable). Su propuesta es interesante pero no consecuente (7). Se parecen a Martín Adán. No en su forma hermética de hacer poesía, sino en las ganas de beberse a sorbos la noche. Se los ve deambulando por los mercados, asqueados de todo, esperando la noches, barbudos como lobos esteparios. Si los encuentra, joven, señorita, señor, cómpreles una revista. Aunque no sirvan para nada, viven pendientes de afecto y reconocimiento. ?
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1. Esto hace que sean mirados con los ceños fruncidos por muchachos iconoclastas que acusan al nobel de neoliberal, un aficionado a los toros, un hijo de puta. Sin embargo, la ferviente y empecinada y hasta freek admiración al viejo escritor se da por sus obras. Siguen orbitando en sus mentes como sempiternas efigies de totalidad.
2. La idea en sí de ser totalmente distinto ya es una idea establecida. Nadie puede ser distinto en estas épocas. Somos una miscelánea de posibilidades.
3. Con la consigna de que se debe salir de los espacios comunes, forman eventos en distintos lugares: aunque lo contradictorio sea que su idea de “salir” sólo se limite al patio de su propia universidad, a bares y a plazas céntricas de la ciudad. Todo bajo el orondo título de “Recitales Libres”.
4. Pasan más de 8 horas diarias en el Facebook. Siguiendo la idea de la civilización del espectáculo, hacen conocido cualquier disparate (tenga o no sentido) con el fin de mostrarse más pendejos, más rebeldes, más escritores. Son tristemente célebres sus ganas de figurar en esos medios plásticos. Escándalo tras escándalo. Mensajes provocadores. Su manjar es etiquetar a los demás. Huevadas así..
5. Es curioso cómo los jóvenes escritores se desviven porque un “grande” escriba unas palabras para la contraportada de sus libros. Lo que saben –y por vanagloria pasan por alto- es que esas palabras no son escritas bajo un análisis profundo, sino como siguiendo una mecánica: se lee un poema y bajo esa sensación se escribe la reseña. A veces, ni siquiera se lee un poema. No hay más vuelta que darle. Muchos escritores jóvenes abusan de la fama de otros para que sus libros salgan “más lindos” .
6. Son adictos a las fechas y, como si se tratara de ir a misa, nunca osan faltar. Y que me perdone el Amauta, a quien admiro.Esto lo escribió Julio Barco con más detalles en un artículo contra la Casa de la Literatura Peruana. Los señores, muy ofendidos, atacaron y dieron una respuesta. El problema es de fondo: los que tienen la autoridad real para dar espacios y difundir el arte están ahuyentando personas. El sopor y la solemnidad es su mejor arma. Más que “casas”, parecen museos. Algunos dirán que la literatura es un arte para pocos, que no todos deben ser lectores, por eso las salas de la CASLIT suelen estar desiertas. Algunos pensamos que no debe ser así.
7. Bajo innumerables manifiestos dejan claro sus propuestas: el problema es que en su claridad se ventila una erudición vacía. En otras palabras: son puro floro. Puro manifiesto. No tienen una creación respetable que los defienda.
Escrito por Julio Barco



